viernes, 24 de febrero de 2017

El Árbol de manzanas (miscelánea)

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba hasta el tope y se refugiaba en su sombra. Amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?” Pero el muchacho contestó: “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Ahora quiero juguetes y necesito dinero para comprarlos”. El árbol le confió: “Lo siento, pero no tengo dinero. Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho tomó todas las manzanas, obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió y el árbol recobró su tristeza.

Tiempo después, el joven regresó y el árbol le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero le respondió: “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos". Y el árbol le dijo: "Lo siento, pero no tengo una casa. Pero puedes cortar mis ramas y construirte una propia”. El joven cortó todas las ramas y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol le preguntó: "¿Vienes a jugar conmigo?". Pero el hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar”. El árbol le dijo: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le confió: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas”. Pero el hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar. Ya estoy viejo”. Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: “Lo único que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Necesito solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. Y así, el hombre se recostó en las viejas raíces, casi ya sin vida, que le ofrecía el árbol y sonrió feliz.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá. Cuando crecemos los dejamos. Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas porque, no importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres. Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado. Y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado.